sábado, 8 de enero de 2011

Cozeba - Cronología. DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA








DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
 









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EL DICCIONARIO BÍBLICO ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA




Coreítas - Cozbi

Cozeba


(heb. Kôzêbâ' "que yace" o "engañoso").


Lugar en Judá (1 Cr. 4:22). El nombre se ha conservado en Khirbet Kuweizîbeh, a unos 9,5 km al noreste de Hebrón, pero como en este lugar no hay restos que daten de antes de los tiempos bizantinos, el antiguo lugar puede haber estado más bien en el vecino Khirbet ed-Dilb, que tiene restos que datan del 2º milenio a.C. Algunos comentadores lo identifican con Aczib 1.


Creación.



La palabra "creación", en su sentido más amplio implica la formación del universo por Dios, incluyendo nuestro mundo y todos los seres vivientes que hay en él. Sin embargo, el relato de la creación (Gn. 1 y 2) trata principalmente de la llegada a la existencia de la Tierra, del Sol, los planetas y las criaturas vivientes que se encuentran sobre la Tierra.


Cuando la palabra hebrea traducida como "crear" (bârâ') aparece en las Escrituras, se usa exclusivamente para un acto en el cual Dios es el agente. Hay otros 2 términos hebreos que se escriben igual, pero tienen significados diferentes:1) "Ser gordo" (1 S. 2:29). 2) "Cortar", "desmontar" (Jos. 17:5, 18; etc.); estas palabras aparecen en formas gramaticalmente diferentes de la palabra que significa "crear", de modo que se las distingue fácilmente. Se dice que bârâ' significa creación de algo a partir de la nada. Esta idea no está implícita en la palabra, y si se entiende así en algún 257 pasaje debe ser como deducción a partir de otras consideraciones, tales como el contexto o textos relacionados con aquél. Se pueden citar numerosos casos en los que la creación de algo nuevo o diferente procede de material ya existente. El más notable es el registro de la creación del hombre, que afirma que fue formado del polvo de la tierra, y sin embargo fue "creado" (bârâ'; Gn. 1:26, 27). Otras cosas mencionadas en las Escrituras como "creadas" (bârâ') por Dios son: cielos y tierra (Gn. 1:1; Is. 40:28; 42:5; 45:18), hombre (Gn. 1:27), estrellas (Is. 40:26), corazón limpio (Sal. 51:10), y cielos nuevos y tierra nueva (Is. 65:17).


El registro de la creación es sumamente breve, y está escrito en el estilo sencillo del informe bíblico y no en los términos técnicos de un hombre de ciencia. Siempre debemos recordar este hecho cuando intentemos interpretar estos pasajes. A menudo, de una sencilla palabra o frase hebrea se extraen conclusiones filosóficas o científicas indefendibles que van mucho más allá de lo que era la intención original del autor. El relato comienza con una afirmación sencilla: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra". Las Escrituras aclaran que antes de todo era Dios, quien por medio de Cristo trajo todas las cosas a la existencia. "Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada lo que ha sido hecho, fue hecho" (Jn. 1:3). "Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" (Col. 1:16, 17). "Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y todas las cosas que en ellos hay" (Ex. 20:11).


De acuerdo con la narración de Gn. 1, la obra de la creación se completó en 6 días. La forma más natural de entender el pasaje es considerar estos días como días literales de 24 horas cada uno. Evidentemente, los términos "tarde" y "mañana" se emplean para designar la parte oscura y la parte clara de cada día de 24 horas. El 7º día Dios terminó su obra y descansó (Gn. 2:2). Sobre este hecho histórico se basa el mandamiento del sábado: "Recuerda el día del sábado para santificarlo... Pues en seis días hizo Yahvéh el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen" (Ex. 20:8, 11, BJ). Este mandamiento y su razón de ser tienen sentido sólo si la creación original ocupó la misma cantidad de tiempo como el intervalo entre 2 sábados, es decir, 6 días literales. El empleo que Dios hizo de 7 días para la semana de la creación es, en realidad, el origen del ciclo semanal como lo tenemos hoy. No hay otra explicación satisfactoria para esta división del tiempo.



I. Informe bíblico.


Al salir de las manos del Creador, la Tierra estaba "desordenada y vacía", envuelta en oscuridad, la que desapareció, sin embargo, ante la palabra de Dios (Gn. 1:2, 3). "Y separó Dios la luz de las tinieblas", con lo que comenzó el ciclo incesante del día y de la noche (vs 4, 5). El 2º día Dios creó la atmósfera y separó una parte de la gran masa de agua de la tierra inconclusa, y evidentemente la distribuyó por encima y alrededor de ese cuerpo como nubes o una envoltura de vapor (vs 6-8). El 3er día, las "aguas", que hasta entonces habían cubierto la esfera terrestre completa, se reunieron "en un lugar" y apareció la tierra seca. Dios vistió de inmediato la tierra con vegetación y árboles de diversas clases (vs 9-12), los que eran regados posteriormente, día tras día, por "un vapor" o rocío (2:5, 6). El reino vegetal fue provisto por Dios para alimento de los animales, las aves y el hombre (1:29, 30). Luego la Biblia menciona la creación de 2 grandes luminarias en el día 4º: el Sol y la Luna, para iluminar la tierra y para "señales para las estaciones, para días y años". Dios "hizo también las estrellas" (vs 14-19; muchos creacionistas postulan que estos astros pudieron haber sido creados antes y llegaron a ser visibles ese día). Las criaturas marinas y aéreas de toda clase, desde las mayores y más complejas hasta las formas menores y más sencillas, fueron creadas el 5º día (vs 20-23). Todas las demás formas de vida "según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie" aparecieron sobre la tierra el 6º día (vs 24, 25); también el hombre fue creado ese día (vs 26, 27; 2:7). Como hogar y lugar de trabajo para la pareja, Dios "plantó un huerto en Edén, al oriente" (2:8, 15). En ese jardín estaba el árbol de la vida y el "árbol de la ciencia del bien y del mal", cuyo fruto el hombre no debía tocar ni comer (vs 9, 16, 17). La mujer fue formada a partir de una costilla tomada del costado de Adán (vs 21, 22). La creación culminó con la santificación del 7º día como un monumento a la semana de la creación y como día de descanso físico y espiritual para el hombre (Gn. 2:2, 3; Ex. 20:8-11; Is. 58:13).


Muchos comentadores afirman que Gn. 2:4-3:24 constituye un informe separado y diferente de la creación realizado por un autor distinto, escrito en un período posterior el relato de 1:1-2:3. Tal suposición es superflua. El cp 2, con toda lógica, se puede considerar una 258 ampliación de ciertos detalles que podrían no haber sido apropiados al informe sucinto del cp 1. Sin esta información adicional, nuestro conocimiento del estado edénico habría sido realmente incompleto (véase CBA 1:213-216, 233-235).



II. Relato de la creación entre las naciones antiguas.


Entre los súmeros y los babilonios, la creación estaba relacionada con una lucha primitiva entre los dioses. Se la menciona en varios mitos, el más importante de los cuales es el babilónico (llamado Enûma elish, "Cuando en lo alto"). Cuenta cómo el dios Apsû, "Caos", había cansado al sabio dios Ea, hasta el punto que éste mata a Apsû. Eso causa la ira de la consorte de Apsû, Ti'âmat, quien consigue seguidores entre los dioses malos y hace preparativos para vengar la muerte de su esposo. Los dioses buenos que apoyan a Ea nombran a Marduk como su representante para luchar contra ella. El relato cuenta extensamente la lucha entre Marduk y Ti'âmat, que termina con la muerte de ésta. Marduk entonces crea con su cadáver los cielos y la tierra, pone las luminarias en el cielo para regular las estaciones, y finalmente crea al hombre con la sangre de Kingu, el principal de los seguidores de Ti'âmat.


Aparte de que el relato babilónico está desprovisto de valores éticos y presenta a los dioses en forma extremadamente antropomórfica, le falta la secuencia ordenada de la narración bíblica en la que un acto de la creación sigue a otro en forma lógica, y donde toda la obra termina mediante la palabra del Todopoderoso en 6 días, con la culminación del 7º día como sábado, un día de reposo. Los pocos paralelos que existen entre el relato de la creación de la Biblia y los de los pueblos de la Mesopotamia muestran que cuando se originaron esos mitos todavía había un vago recuerdo de lo que había ocurrido al comienzo de la historia de este mundo. Pero no más que eso, y parece ilógico sostener, como muchos eruditos creen, que el autor del Génesis tomó prestado su relato del mito babilónico.


El concepto egipcio de la creación del mundo y de la humanidad está aún más alejado de la historia bíblica. Por ejemplo, algunos textos mitológicos afirman que el hombre fue creado con las lágrimas del dios-sol, Ra. Además, hay ilustraciones que presentan al dios Khnum formando a los seres humanos sobre el torno de un alfarero (fig 139). Las cosmogonías de los fenicios, los iranios y otros pueblos antiguos también hacen referencia a la creación del mundo y de la humanidad, pero no tienen paralelos con el relato bíblico de la creación, y en la mayoría de los casos presentan conceptos tan absurdos que no vale la pena analizarlos aquí.


139. El dios egipcio Khnum pintado en el tiempo de Luxor como modelando al rey Amenhotep III y a su doble sobre una rueda de alfarero.


Bib.: Sobre los relatos babilonios de la creación, véase Alexander Heidel, The Babylonian Genesis (El Génesis babilónico) (Chicago, 1951), 2ª ed., y ANET 60-72. Sobre los mitos egipcios de los orígenes, véase ANET 3-7. Sobre las cosmogonías de otras naciones, véase A. Jeremías, The Old Testament in the Light of the Ancient East (El Antiguo Testamento a la luz del Antiguo Oriente) (Nueva York, 1911), t 1, pp 155-173.



III. Creación y evolución.


Los evolucionistas suponen que hace varios miles de millones de años un conjunto fortuito de circunstancias produjo la formación de una cantidad de moléculas orgánicas importantes para los procesos vitales. Estas moléculas, a su vez, se combinaron para formar moléculas mayores como las proteínas y el complejo material genético llamado ADN. Después, estos materiales formaron alguna forma sencilla de vida. El muy fortuito conjunto de circunstancias necesarias para producir todos estos pasos hace que la idea sea increíble. Aunque los libros escolares de ciencia a menudo la exponen, carece de verificación y no se la debe confundir con el trabajo científico normal, generalmente sujeto a altas normas de objetividad. Sólo se puede sostener esta idea si se busca explicar todo sobre una base estrictamente natural.


Muchos hombres de ciencia reconocen la dificultad del origen espontáneo de la vida. 259 Keosian afirma: "La célula heterotrófica más sencilla es una unidad estructural y metabólica compleja de partes y procesos químicos armoniosamente coordinados. Su ensamblaje espontáneo a partir del medio, aun suponiendo que estuvieran presentes simultáneamente todas las partes, lo que es altamente improbable, no es una posibilidad creíble". Por su parte, Yockey dice: "Debemos concluir que, contrariamente al conocimiento establecido y corriente, todavía no se ha escrito un libreto que describa el génesis de la vida sobre la tierra por el azar y por causas naturales que puedan aceptarse sobre la base de hechos y no de la fe".


Aun si se dieran las circunstancias extremadamente fortuitas necesarias para el origen espontáneo de la vida, y que algunas formas simples se pudieran desarrollar repentinamente, subsistiría el problema del origen de las complejas formas superiores a partir de células sencillas. Para responder a este problema, los evolucionistas generalmente invocan el mecanismo de la supervivencia del más apto, propuesto por Darwin. Según este concepto, las pequeñas variaciones beneficiosas que sufren los organismos en la competencia por sobrevivir, se seleccionan entre las características menos aptas que tienen otros organismos.


Tanto los creacionistas como los evolucionistas creen que existen pequeñas variaciones en la naturaleza, pero el mecanismo de la supervivencia del más apto no hace provisiones adecuadas para el desarrollo de formas superiores que tienen nuevas partes integradas y sistemas complejos. Las unidades individuales de las partes o los sistemas trabajan juntas entre sí, y solas serían inútiles; en realidad, tendrían un valor negativo para la supervivencia hasta que todo el sistema complejo estuviera evolucionado y pudiera funcionar con provecho. Por ejemplo, ¿por qué los organismos desarrollarían un mecanismo de control en el cerebro para los músculos del ojo si no existieran esos músculos en el ojo, o viceversa? El organismo que tuviera de sobra músculos inútiles en el ojo estaría en desventaja en comparación con un organismo que no los tuviera, y, por lógica, sería eliminado por los competidores que no tuvieran esa adición inútil. Lo mismo se podría decir de los procesos metabólicos químicos, que serían un agregado inútil hasta que todos los pasos se hubieran desarrollado (por evolución) para tener un producto final útil. Estos ejemplos se podrían multiplicar muchas veces tanto en número como en complejidad. Las partes no usables en el desarrollo de sistemas complejos serían una desventaja que se debería eliminar por la selección natural. Los creacionistas también señalan que las mutaciones que causan esos pequeños cambios en los organismos son, en abrumadora mayoría, perjudiciales. Una mutación benéfica por cada 1.000 mutaciones perjudiciales es una cifra muy generosa. La escasez de buenas mutaciones subraya aún más la poca plausibilidad de producirse a la vez la cantidad de cambios necesarios para producir un mecanismo complejo nuevo y útil. Por ello, el concepto de la supervivencia del más apto como medio para desarrollar organismos complejos y superiores tiene problemas muy serios.


El registro de la vida pasada que nos ofrecen los fósiles en los sedimentos de la tierra debería darnos una pista acerca de si existió o no la evolución de organismos sencillos a más complejos. En estos registros tampoco encontramos los organismos intermediarios entre los tipos básicos de seres como sugiere la teoría general de la evolución. Los libros de texto de biología dan unos pocos ejemplos de cambios menores (como la tan publicitaria serie del caballo), pero los paleontólogos más famosos han reconocido la ausencia continua de fósiles intermedios entre los tipos principales de organismos. Simpson afirma: "Esta ausencia regular de formas de transición... es un fenómeno casi universal, como lo han observado desde hace mucho los paleontólogos", y Gould dice que "todos los paleontólogos saben que el registro fósil contiene realmente muy pocas formas intermedias; las transiciones entre los grandes grupos son característicamente abruptas". Los paleontólogos han tratado de explicar estas brechas sobre la base de una falta de conservación de los organismos intermedios, concepto difícil de sostener, ya que se han encontrado miles de millones de fósiles bien conservados. ¡La idea exigiría que la conservación de todos estos fósiles ocurriera sólo cuando no estuviera en marcha la evolución! Véase Diluvio IV.


Una segunda explicación es que los grandes cambios repentinos entre los grupos básicos ocurrieron produciendo "monstruos promisorios" o un tipo completamente nuevo; por ello, aparecen muy pocos o ningún fósil intermedio. Esta idea no ha sido convalidada por los hechos y afrenta problemas genéticos casi insuperables. Merrill señala aun otros escollos de este modelo, incluyendo el hecho de que tales cambios fortuitos serían sumamente escasos y que en "las series de reproducción sexual este individuo solitario del nuevo orden sería como una voz en el desierto, buscando 260 su compañera, que no existe, por lo que el orden originado en un paso llegaría a extinguirse en el siguiente".


Por otra parte, el modelo creacionista predice la ausencia total de fósiles intermedios, que es lo que precisamente acontece. Mucha de la evidencia que usan los biólogos para sostener la evolución se basa en la suposición de que las similitudes de estructura, bioquímicas, de desarrollo, etc., se deben a relaciones evolutivas. Este argumento no proporciona evidencia alguna en favor de la evolución, puesto que la creación por un único diseñador produciría una evidencia similar. La similitud puede significar una descendencia de antepasados comunes o un diseñador único.


Así, al considerar los hechos básicos de la naturaleza -el problema del origen espontáneo de la vida, los problemas de la producción de formas de vida más complejas y las brechas entre los tipos básicos de fósiles-, pareciera que la ciencia tiene muy poco que ofrecer a los evolucionistas en apoyo de su teoría.



IV. Esfuerzos para armonizar posturas antagónicas.


En un intento por conciliar el registro bíblico de la creación con los conceptos evolucionistas, muchos eruditos cristianos adoptaron diversos puntos de vista comprometidos entre el creacionismo y el evolucionismo. Estas ideas conservan el concepto de un Dios, pero permiten el desarrollo de la vida a lo largo de enormes períodos de tiempo.


1. Día-era.


En este punto de vista se consideran los días de la semana de la creación como largos períodos de tiempo, tal vez hasta millones de años. Los que proponen esta idea sostienen que durante millones de años la tierra estuvo "desordenada y vacía"; luego, en la 2ª era, apareció el firmamento y la tierra seca. La siguiente era vio la creación de la vida vegetal, mientras la 4ª trajo la luz del Sol. Las últimas 2 eras proveyeron a la tierra con vida vegetal y animal. La creencia en esta teoría a menudo está asociada con la siguiente filosofía.


2. Evolución teísta.


Muchos sostienen que hace miles de millones de años Dios hizo la Tierra, y que a su debido tiempo creó sobre ella la vida en forma sencilla. Durante las edades siguientes usó el proceso de la evolución para desarrollar las formas más complejas.


3. Creación progresiva.


Esta idea sugiere que Dios, a lo largo de extensos períodos, creó repetidamente formas de vida progresivas y más avanzadas, aunque sin usar el proceso de la evolución como propone la evolución teísta.


Aunque estos conceptos de compromiso entre el creacionismo y el evolucionismo son bastante populares, presentan numerosos problemas. En general, su valor como explicación es escaso, por cuanto no encuentran apoyo en la ciencia ni en la Biblia. La ciencia no indica que éstas sean las formas como Dios desarrolló la vida sobre la tierra, ni lo hacen las Escrituras. Es contraria al registro del Génesis y al 4º mandamiento, y suponen algunos conceptos atribuidos a la naturaleza de Dios que son diferentes de los atributos asignados a él en la Biblia. El Dios de amor que conocemos, ¿usaría el proceso de la supervivencia del más apto, que supone la eliminación de competidores, para desarrollar formas más avanzadas de vida? ¿No parecería sin sentido que él creara centenares de miles de especies, que ahora no están representadas, sólo para dejarlas extinguir? Además, si el hombre aparece muy tardíamente en la escena (suponiendo largas eras) y el sufrimiento (en la forma de predación) aparece mucho más temprano, hay que explicar la entrada del pecado antes de la aparición del hombre. Aunque se pueden postular explicaciones para los contrasentidos anteriores, tienen muy poco apoyo en las ciencias o en las Escrituras.


Algunos hombres cultos, con preparación científica, han considerado el relato de la creación y encuentran que es la mejor explicación existente para toda la realidad que los rodea. Notan que si se está dispuesto a aceptar el hecho de la existencia de un Dios que obra milagros -y es difícil explicar algunos aspectos de la naturaleza de otra forma- no es más difícil creer que él creó la vida con formas complejas que creer que creó una sola célula sencilla de la cual surgieron las demás formas. Y no es más difícil creer que estas formas complejas se produjeron en un momento que creer que hubo largas eras para su evolución. En consecuencia, no encuentran dificultad en creer que, en el transcurso de 6 días literales, Dios creó todos los antepasados de todas las plantas y animales de la tierra. Señalan, sin embargo, que desde la creación, han aparecido muchas especies nuevas y variedades que no son exactamente iguales a sus antecesoras, hecho que no está en contradicción con el registro del Génesis. Estas formas nuevas surgieron, como lo confirma la ciencia, mediante una combinación de factores como mutaciones, aislamiento geográfico e hibridación. Pero tales formas son tan similares a sus antepasadas que se las puede rastrear hasta ellos sin grandes dificultades.


Bib.: John Keosian, "Life's Beginnings- Origin or Evolution?" (El comienzo de la vida: ¿Origen o evolución?) en J. Oró et. al., eds., 261 Cosmochemical Evolution and the Origin of Life (La evolución cosmoquímica y el origen de la vida) (Holanda, Dordrecht, 1974), I: 291; H. P. Yockey, "A Calculation of the probability of Spontaneous Biogenesis by Information Theory" (Un cálculo de probabilidades de la biogénesis espontánea por la teoría de la información), Journal of Theoretical Biólogo (Revista de Biología Teórica) 67 (1977):396; G. G. Simplón, Tempo and Mode in Evolution (Ritmo y modo en la evolución) (Nueva York, 1944), p 107; S. J. Gould, "The Return of the Hopeful Monsters" (El retorno de los monstruos promisorios), Natural History (Historia Natural) 86:6 (Junio-Julio, 1977):24; David J. Merill, Evolution ad Genéticas (Evolución y genétical (Nueva York, 1962), pp 294-296.


Crema.



Véase Manteca.


Crescente


(gr. Kresk's; del lat. Crescens, "creciente", "acrecentador").


Cristiano, probablemente un misionero, que había estado en Roma durante parte del 2º encarcelamiento de Pablo en esa ciudad, pero que se había ido a Galacia (o posiblemente Galia) cuando Pablo escribió la 2ª carta a Timoteo (2 Ti. 4:10). Una tradición temprana hace de Crescente un obispo en Galacia. Una posterior, que probablemente refleja el deseo de un origen apostólico, lo menciona como obispo de Galia (la actual Francia).


Creta


(gr. Kret', "greda" o "tiza").


Gran isla en el Mar Mediterráneo, de unos 256 km de largo y de 12 a 56 km de ancho, a casi 100 km al sudeste de Grecia. La isla es montañosa; la cumbre más alta es el monte Ida, de 2.458 m, en la Creta central, el legendario lugar de nacimiento de Zeus. De acuerdo con los griegos, cierto rey Minos fundó la civilización cretense. Las excavaciones revelan la existencia de una elevada cultura en la isla desde tiempos muy remotos. Mapa XX, B-3/4.


140. Parte del palacio de Minos en Cnosos, Creta.


La historia de esta antigua cultura se puede dividir en 3 períodos; 1. Minoico temprano, contemporáneo de la edad de las pirámides en Egipto. 2. Minoico medio, contemporáneo del Reino Medio de Egipto. 3. Minoico tardío, contemporáneo de la dinastía XVIII. Se han descubierto varios palacios; particularmente notable es el que desde 1900 desenterró Sir A. J. Evans en Cnosos. Esta estructura tenía un laberinto de cámaras, salas, depósitos, un teatro y un gran patio central; probablemente el Laberinto de la leyenda griega. Su arte demuestra que la civilización minoica alcanzó un asombroso nivel: cerámica, trabajos en piedra y metal, arquitectura de buen gusto, y hermosas pinturas murales conservadas en Cnosos, Festo, Hagia Triada y otros lugares. Los cretenses de los períodos minoicos habrían sido una nación marítima con un ágil intercambio comercial con Egipto, las costas de Siria y el área del Mar Egeo. Alrededor del 1400 a.C. esta cultura minoica fue destruida y reemplazada por la de un pueblo muy inferior, quizá los filisteos,* que en sus migraciones hacia el este destruyeron la cultura minoica de Creta. Desde entonces, Creta perdió su notable significación en la historia. Véase Caftor.


La escritura minoica más temprana era jeroglífica; más tarde se inventaron 2 formas de escritura lineal. Una de ellas, la lineal B, fue descifrada por M. Ventris en 1953. Revela que el idioma de los textos que se escribieron con estos signos era una forma temprana del griego. De excavaciones en territorio griego se han extraído tabletas de arcilla con textos escritos con los mismos signos.


Durante los períodos helenístico y romano, muchos judíos se establecieron en Creta (1 Mac. 15:23; Hch. 2:11; Tit. 1:10-14). Los romanos la ocuparon en el 67 a.C. y la transformaron en una provincia senatorial. Posteriormente fue incorporada a la Cirenaica, en el norte de Africa. Los cretenses tenían la reputación de ser buenos arqueros y también grandes mentirosos, como lo expresa el hexámetro citado por Pablo en Tit. 1:12, que se supone fue escrito por Epiménides. El barco que llevó a Pablo como prisionero a Roma entró en uno de los puertos de Creta (Hch. 27:7, 8). Esa parece haber sido la primera visita de Pablo a la isla. Aparentemente, más tarde, entre el 1º y el 2º encarcelamiento en Roma, Pablo visitó la isla, dejando a Tito para que completara la organización de la iglesia (Tit. 1:5).


Bib.: J. L. Caskey, CAH 1:2, pp 799-804; 11:1, pp 557-626. 262


Cretenses


(gr. kres).


Naturales o habitantes de Creta* (Tit. 1:12; Hch. 2:11).


Criatura.



Generalmente, un organismo viviente, aunque en hebreo la idea de "viviente" a menudo es transmitida por un adjetivo separado (Gn. 1:21; 9:16; etc.). El concepto de un ser creado, aunque pueda estar implícito, no es inherente al término hebreo vertido como "criatura"; sin embargo, lo está en el vocablo griego así traducido (ktísis, "creado", "criatura"; Mr. 16:15; Ro. 1:25; Stg. 1:18). En Lc. 1:41, 44 y 2 Ti. 3:15 se usa la palabra bréfos, "niño no nacido", "recién nacido"; pero en algunos textos significa "niño" (Lc. 2:12, 16). Figuradamente, "criatura" se usa para el cristiano transformado, en quien el tenor de todos sus deseos, motivos y acciones está dirigido hacia el servicio a Dios antes que a sí mismo; literalmente vive y piensa como una recreación de Dios (2 Co. 5:17). Véase Seres vivientes.


Crisol


(heb. matsref, "crisol" (del verbo tsâraf, "fundir" (metales), "refinar", "probar")).


Recipiente que se usaba para refinar metales preciosos. Los que menciona la Biblia servían para refinar la plata (PR. 17:3; 27:21).


Crisólito


(heb. tarshîsh (Ez. 1:16; 10:9; 28:1-3); gr. jrusólithos, literalmente "piedra de oro").


Séptimo fundamento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:20). El significado exacto del término griego no es claro. Algunos han sugerido que designa una forma amarilla de topacio,* o tal vez verde oliva. El crisólito es un silicato de magnesio hidratado. Véase Berilo.


Crisopraso/pacio


(gr. jrusóprasos).


Décimo fundamento de la Nueva Jerusalén (Ap. 21:20). El significado exacto del término griego no es claro. El crisopraso moderno es una variedad transparente de calcedonia de color verde manzana, y está compuesto de sílice y níquel.


Crispo


(gr. Kríspos; transliteración del lat. Crispus, "crespo", "rizado").


Principal de la sinagoga judía de Corinto, quien se convirtió al cristianismo con su casa por el trabajo de Pablo. Fue uno de los pocos conversos de pablo bautizados personalmente (Hch. 18:8; 1 Co. 1:14, 16).


Cristal


(heb. gâbîsh, zekûkîth y qeraj; gr. krústallos).


En general, los términos hebreos y griegos traducidos como "cristal" se refieren al cristal de roca (cuarzo) o al hielo, que se parece al anterior por su centelleo y transparencia. De acuerdo con Job, el valor de la sabiduría no puede ser sobrepasado por las piedras preciosas o el cristal (Job 28:17, "diamante", RVR; "vidrio", BJ; v 18, "perlas" en la RVR, "cristal" en la bJ). Una luminiscencia titilante, parecida al centelleo del cristal, apareció sobre las cabezas de los seres vivientes en la visión de Ezequiel (Ez. 1:22). El revelador comparó varios rasgos del mundo aun invisible con el cristal: el mar de "vidrio" como "cristal" (Ap. 4:6); el brillo de la Nueva Jerusalén (21:11); el río de la vida (22:1). Véase Vidrio.


Cristiano


(gr. jristianós, "un seguidor de Cristo").


Nombre que se usó por la vez en Antioquía de Siria para describir a los discípulos de Jesucristo (Hch. 11:26). El texto no aclara quién originó el término. Se piensa que sería difícil que lo adoptaran los mismos cristianos, aunque una antigua tradición nombra a Euodias, el primer obispo de Antioquía, como el originador del término. Tampoco es probable que el nombre fuera acuñado por los judíos, porque el gr. Jristós significa "Mesías", y los judíos difícilmente llamarían a los discípulos "seguidores del Mesías". El término jristianós, como se lo encuentran en el NT griego, tiene una terminación latina, porque en griego debería ser jristianéios. Se ha sugerido, por ello, que se lo debería tomar como una indicación de que el nombre fue acuñado originalmente por un oficial romano. En tiempos de nerón, los cristianos eran conocidos en Roma por el nombre de jrestiánoi. Como el término Cristo no significaba nada para los romanos, mientras que el nombre griego Restos era muy común entre los esclavos, el pueblo de Roma pudo haber pensado que los cristianos eran seguidores de algún Jresto, porque las palabras jristiánoi y jrestiánoi apenas se distinguían al oírlas. De cualquier manera, parece que fueron los paganos quienes por la vez aplicaron el término a los seguidores de Jesús, sin duda como un apodo para expresar burla, aunque para los cristianos llegó a ser un nombre honorífico. La palabra aparece además en Hch. 26:28 y 1 P. 4:16.


Bib.: T-A XV.44; Suetonio, Nerón, 16; S-LC/C 25.


Cristo


(gr. Jristós, "ungido"; equivalente al heb. Mâshîaj, "Mesías", "ungido").


Título oficial de Jesús de Nazaret que lo designa como "el Mesías" o el prometido del AT. En los tiempos del AT el sumo sacerdote (Ex. 30:30), el rey (2 S. 5:3), y a veces los profetas (1 R. 19:16) eran "ungidos" cuando se los dedicaba al servicio santo. En las profecías mesiánicas el término vino a aplicarse específicamente a el Mesías, que, como profeta (Dt. 18:15), sacerdote (Zac. 6:11-14) y rey (ls. 9:6, 7), era 263 quien había sido designado como Redentor del mundo. Al usarlo en tiempos del NT se omitió el artículo definido, y "Cristo" llegó a ser virtualmente un nombre propio, tal como lo usamos hoy. El uso combinado de los nombres Jesús y Cristo constituye una confesión de fe de que Jesús de Nazaret, el hijo de María, el Hijo del hombre, es realmente el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios, y por ello una profesión de fe en la unión de las naturalezas divina y humana en una Persona. En Jer. 23:5, 33:15, Zac. 3:8 y 6:12 se usa un título para Cristo: "rama" (heb. tsemaj, "un brote (renuevo)", "un retoño (vástago)"); el Mesías está representado como un renuevo de David. Véase Jesucristo.


Crónicas, Libros de las.



Dos libros del AT que registran hechos de los reinados de David y sus sucesores. En las Biblias hebreas los 2 libros aparecen como una sola obra, con un título único: Dibrê hayyâmîm ("Acontecimientos de los días"), un diario real de los sucesos que ocurrieron bajo los diferentes reyes (2 R. 14:18, 28; 1 Cr. 27:24; Neh. 12:23; etc.). En la LXX el título es ParaleipómenÇn ("Omisiones"), e indica que el libro suministra y en parte duplica informaciones que quedaron fuera de Samuel y Reyes. El nombre español "Crónicas" proviene del lat. Chronicon, el término que usó Jerónimo como apropiado para transliterar el título hebreo a su propia traducción al latín, la Vulgata. En el canon hebreo del AT los libros de crónicas constituyen el último libro. Su posición actual en las versiones modernas, después de Reyes, y su división en 2 libros se originó en la lXX, práctica que luego siguió la Vulgata.



I. Autor y Ambientación.


Un examen del texto hebreo de Crónicas, Esdras y Nehemías muestra que los 3 libros están estrechamente relacionados en lenguaje, estilo y punto de vista general. Por eso es razonable concluir que los 3 fueron obra de un mismo autor o compilador, o que fueron escritos en una misma época por varios hombres que colaboraron mutuamente. La tradición judía temprana atribuye las Crónicas a Esdras (la erudición actual generalmente le asigna, además, Esdras y Nehemías). La evidencia interna sugiere como autor a un sacerdote del período persa, y Esdras cumple ambos requisitos (Esd. 7:1-5). Que los versículos iniciales de Esdras repitan los versículos finales de Crónicas, casi al pie de la letra, también indica una íntima relación entre ambos libros. El uso que hace el autor de Crónicas del sistema monetario persa (1 Cr. 29:7) indica que los escribió en el período persa. Como la genealogía de la línea real de Judá es llevada varias generaciones más allá de Zorobabel, quien regresó a Judea por el 536 a.C., es posible que la fecha de escritura bien haya sido un siglo o más después del tiempo de Zorobabel (3:19-24). Estas y otras evidencias son base suficiente para asignar a Crónicas esta fecha: c 400 a.C. La frecuente referencia del autor a otros trabajos (1 Cr. 27:24; 29:29; 2 Cr. 9:29; 12:15; 13:22; 20:34; 24:27; 26:22; 32:32; 33:19), sugiere que tenía acceso a una excelente colección de fuentes y que las usó profusamente bajo la dirección de la Inspiración divina.



II. Tema.


Esencialmente, Crónicas es un registro del reino unido bajo David y Salomón, y de sus sucesores sobre el trono de Judá hasta el cautiverio babilónico; es decir, un período mayor de 4 siglos. Considerablemente más de la mitad del contenido de las Crónicas es paralela a la información que se halla en otros libros del AT, especialmente Samuel y Reyes. Sin embargo, en estilo y énfasis es claramente una obra independiente, escrita desde un punto de vista propio y destinada a servir a un determinado propósito particular. Con las lecciones espirituales del cautiverio vívidamente fijadas en la memoria, el autor presenta la historia de Israel como nación antes de aquel trágico evento, y el porqué del cautiverio inevitable. Enfatiza los aspectos morales y espirituales de los eventos que registra, y vez tras vez procura señalar que la obediencia a la voluntad revelada de Dios trae paz y prosperidad, mientras que la desobediencia resulta en sufrimiento y calamidades. Destaca el hecho de que el Señor recompensa a los justos y castiga a los impíos (1 Cr. 10:13; 11:9; 21:7; 2 Cr. 13:18; etc.). Asegura a Israel que no tiene nada que temer del futuro excepto que olvide las lecciones que su historia pasada le enseñó.



III. Bosquejo.


Crónicas se puede dividir lógicamente en 4 partes: 1. Introducción (1 Cr. 1-10). 2. Reinado de David (cps 11-29). 3. Reinado de Salomón (2 Cr. 1-9). 4. Reino de Judá hasta el cautiverio (cps 10-36). En la introducción el historiador repasa, en pocos trazos, la historia del mundo desde la creación hasta que David asciende al trono. Este breve esbozo es mayormente genealógico, con énfasis en la tribu real de Judá y la tribu sacerdotal de Leví. Estas tablas genealógicas incluyen, aquí y allá, breves bocetos biográficos y datos históricos (1 Cr. 4:9, 10, 38-43; 5:9, 10, 16-26; 6:31, 32, 48, 49, 54-81; etc.). Con miras a ser completas, las genealogía se continúan durante el tiempo del reino unido y del reino dividido, la cautividad y la restauración hasta el tiempo en que se estaba escribiendo la obra. 264 Nada se dice del reinado de Saúl, excepto un breve informe de su muerte en batalla, y esto sólo como para explicar por qué Dios lo rechazó y preparar el escenario para el ascenso de David al trono.



IV. Contenido.


Diecinueve de los 65 capítulos de las Crónicas -casi un tercio- están dedicados al glorioso reinado de David. David y Salomón, cuyos reinados crearon la era de oro de la historia de Israel, ocupan 28 capítulos, o casi la mitad del espacio. A su vez, la 2ª sección, que cubre el reinado de David, se puede dividir en 3 partes. La 1ª resume los eventos notables del período (1 Cr. 11-21). También incluye las circunstancias de su coronación como rey de todo Israel, la captura de Jerusalén y el traspaso de la capital de Hebrón a Jerusalén, la enumeración de sus valientes y ejércitos, su traslado del arca a Jerusalén, la construcción de su palacio, sus guerras y el censo del pueblo. La 2ª parte trata en detalle los preparativos de David para la construcción del templo, con la organización que hizo del servicio de los sacerdotes y de los levitas, y sus instrucciones a Salomón acerca del templo (22:1-29:21). La 3ª parte se ocupa, brevemente, de las transferencia de la autoridad de David a Salomón, y de la muerte de David (23:1; 29:22-30).


La 3ª sección, sobre Salomón (2 Cr. 1-9), se dedica principalmente a la construcción y dedicación del templo, con breves menciones de las otras obras públicas y empresas de Salomón, su devoción a la sabiduría y el esplendor de su reinado.


La 4ª sección cubre el período del reino dividido (cps 10-36), con especial énfasis en el reino de Judá. La historia de este período se ocupa de los reinados sucesivos de todos los reyes de Judá, desde Roboam hasta Sedecías. Se considera ampliamente la revuelta de las 10 tribus, y de allí en adelante se registran los esfuerzos para volver a la nación a Dios que hicieron los reyes reformadores Asa, Josafat, Joás, Ezequías y Josías. La sección concluye con la 3ª deportación a Babilonia y un breve epílogo acerca del edicto de Ciro para el regreso (véase CBA 3:119-132).


Cronista.



Véase Canciller.


Cronología


(palabra no bíblica derivada del gr. jrónos ("tiempo") más lógos ("palabra", "discurso", "razón")).


El tema de las relaciones de tiempo -entre períodos y eventos en el registro bíblico- requiere un estudio de los métodos para reconocer el tiempo y los datos relacionados con los diferentes períodos de la historia sobre los que se basa el esquema cronológico. El tema será analizado bajo varios encabezamientos y resumido en tablas de acontecimientos de los tiempos bíblicos fechados o datados con aproximación.



I. Bases de la cronología antigua.


Los antiguos no registraban las fechas de acuerdo con el sistema que usamos hoy, ni las diferentes naciones medían el tiempo con un mismo calendario, como lo hace prácticamente todo el mundo actual. Por lo tanto, nuestro éxito en datar los eventos antiguos -es decir, asignarles fechas en nuestra escala a.C-d.C. de años- depende de nuestra comprensión de los métodos antiguos y de la cantidad de información que tengamos acerca de los acontecimientos. Esta es la razón de la incertidumbre o diferencias de opinión que existen acerca de las fechas bíblicas.


A. Diversos métodos para designar los años.


Algunos pueblos antiguos designaban sus años en forma regular por medio de nombres en vez de números. Un método consistía en nombrar el año por algún acontecimiento importante. Más tarde se designaba cada año por el nombre de un funcionario diferente: en Asiria eran los limmu; en atenas, el de uno de los altos magistrados, un árjon; y en Roma, por los nombres de los 2 principales magistrados, los cónsules. Sin embargo, en Babilonia, Egipto y otras tierras del Cercano Oriente el método común de datar seguía la numeración de los años de sus reyes, un método que aparece con frecuencia en la Biblia. Una carta, un contrato o el registro de un acontecimiento se podía fechar con una fórmula así: "En el mes quinto, a los siete días del mes... el año diecinueve del rey Nabucodonosor" (2 R. 25:8). La numeración de los años comenzaba otra vez con cada nuevo rey. Todos estos métodos requerían la conservación de listas que daban la secuencia de los nombres de los años, limmus, árjontes o cónsules, o la de los reyes y la duración de sus reinados; de otro modo no existiría la posibilidad de saber cuántos años había entre un hecho y otro (afortunadamente se conservaron esas listas para ciertos períodos de la historia antigua).


Se podría haber evitado métodos tan trabajosos si se hubiera usado una era, es decir, una serie de años numerados en forma continua desde un punto de partida fijo. Pero los antiguos fueron lentos en inventar eras, y nunca las emplearon para datar los hechos ordinarios hasta que comenzó a usarse la Era Seléucida a fines del s IV a.C. en la región que estaba bajo el dominio de los reyes seléucidas (el reino oriental del imperio dividido de Alejandro). 265 Los judíos, quienes por un tiempo estuvieron bajo el dominio de los seléucidas, algunas veces usaron esta era (que comenzó, según la manera de computar el tiempo, en el otoño del 312 o la primavera del 311 a.C.). Por ejemplo, se lo encuentra en los libros apócrifos de los Macabeos. Para los propósitos históricos, aunque no para los ordinarios, los griegos contaban por olimpíadas -períodos de 4 años entre los juegos olímpicos-, con un supuesto punto de arranque para estos juegos (776 a.C.); y los romanos contaban los años A.U.C. (ab urbe condita, "desde la fundación de la ciudad (de Roma)"; o anno urbe conditae, "en el año de la fundación de la ciudad)", a partir del 753 a.C. Pero estas eras griegas y romanas eran artificiales, inventadas mucho después que se habían olvidado las verdaderas fechas del inicio de la era, y eran usadas sólo por los historiadores. Moisés usó lo que se podría llamar una era hebrea cuando registró los acontecimientos de los 40 años de peregrinación* por el desierto a partir del año de la salida de Egipto (Ex. 12:2, 6; 16:1; 40:1, 2, 17; Nm. 10:11); y siglos más tarde Ezequiel fechó sus mensajes en años desde la cautividad de Joaquín (Ez. 1:1, 2; 8:1; 33:21; etc.). Pero ni la era de Moisés ni la de Ezequiel se usaron por mucho tiempo como sistemas de datación, a menos que 1 R. 6:1 sea una evidencia de un uso no confirmado de la Era Exodo.


El sistema de eras que ahora usamos para designar los años de la historia antigua se comenzaron a emplear sólo en tiempos medievales, y sin embargo abarca cualquier fecha antigua, por remota que sea, numerando los años en sentido inverso a partir del comienzo de la Era Cristiana. Una comprensión de este sistema de datación es importante porque podemos traducir todos los datos cronológicos antiguos a la escala a.C.-d.C. La Era Cristiana, que numera los años desde el supuesto año del nacimiento de Cristo, se inventó tiempo después de la Natividad real (más o menos unos 4 años tarde). Tiene 2 desventajas: 1. Requiere una numeración inversa para todos los hechos que preceden al nacimiento de cristo. 2. Como el año 1 d.C. está precedido inmediatamente por el año 1 a.C., sin año 0 entre ambos, el cálculo de cualquier intervalo entre fechas a.C. y d.C. es difícil de manejar. Por ejemplo, el intervalo de una fecha en el 2 a.C. a esa misma fecha en el 2 d.C. no es de 4 años, como parecería natural, sino de 3, (Los astrónomos evitan este inconveniente usando números negativos para el período a.C., y sustituyen con 0 el año 1 a.C.: -1 para el 2 a.C., -2 para el 3 a.C., etc.) La razón por la que a menudo se comete un error de un año al calcular intervalos desde fechas a.C. a fechas d.C. se puede ver fácilmente cuando las 2 formas de calcular se ponen en forma de tabla comparativa (véase CBA 1:187):


CÓMPUTO CRONOLÓGICO Y ASTRONÓMICO


Excepto en las obras de astronomía, se acostumbra a dar las fechas por el método histórico o cronológico, en la escala a.C.-d.C.


B. Conceptos antiguos acerca del tiempo.


La gente de los tiempos bíblicos, como en muchas partes del Oriente aún hoy, pensaban más en términos de números redondos que nosotros, y no exigían exactitud matemática. Así, si un hombre viajaba parte de un día, todo el día siguiente, y parte del 3er día, se decía que había llegado en 3 días; nosotros diríamos que fue 2 días después de salir. El sitio de Samaria (2 R. 18:9, 10) se extendió del 4º al 6º año* del rey Ezequías, o del 7º al 9º año de Oseas; para nuestro método de calcular duró 2 años, pero la Biblia se refiere a él como "tres años". Este método se llama cómputo inclusivo. Además, a veces, una parte se contaba por el todo. Por ejemplo, cuando los israelitas fueron condenados a peregrinar "cuarenta años", se quería decir que peregrinarían por el resto del período de 40 años, ya que estaban en el 2º año de su peregrinación cuando se dictó la sentencia sobre ellos (Nm. 14:33; cf Dt. 2:14).


C. Certezas e incertidumbres.


Sólo se pueden fijar con certeza unas pocas fechas claves de la antigüedad, como el 37º año del reinado de Nabucodonosor (568/67 a.C.) y el 7º año del rey persa Cambises (523/22 a.C.). En cada uno de estos casos tenemos antiguos registros astronómicos que incluyen un eclipse y otros datos a lo largo de un año entero. Por cálculos astronómicos, estos años se pueden ubicar exactamente en nuestro cómputo a.C. Otros años de reinado de soberanos babilonios y persas se pueden determinar en relación con 266 estas fechas fijas mediante las listas de reyes que cubren muchos siglos.


ILUSTRACIÓN DEL CÓMPUTO CON AÑO DE ASCENSIÓN Y SIn aÑO DE ASCENSIÓN


Ciertos acontecimientos bíblicos están sincronizados con estos años de reinados babilónicos y persas; pero al tratar con fechas bíblicas debemos tener en cuenta que el calendario hebreo no era exactamente igual a los calendarios extranjeros y que había 2 métodos diferentes para numerar los años de los reyes: 1. De "postdatación" (o "con año ascensional"), mediante el cual el "primer" año de reinado era el año calendario que comenzaba el siguiente día de año nuevo después que el rey ascendía al trono. 2. De "predatación" (o "sin año ascensional"), según el cual el "primer" año era el resto del año en que había ascendido al trono y que terminaba con el 1er día de año nuevo de su reinado. Además, los años de reinado babilónico-persas comenzaban en la primavera, mientras que el año hebreo tenía 2 comienzos, en primavera y en otoño, diferencia que también se debe tomar en cuenta. Aun cuando podamos ubicar un acontecimiento en un cierto año de reinado, digamos 568/67 a.C., y sepamos que el año comenzó en la primavera o en el otoño, no podemos estar seguros de si el evento ocurrió en la última parte del año 568 o en la primera parte del 567 a menos que sepamos también en qué mes ocurrió. Por lo tanto, este Diccionario presenta la mayor parte de las fechas con expresiones tales como c (circa, "cerca de", "aproximadamente"). Sin embargo, en los casos donde la información es suficiente (como en 2 R. 25:8), podemos tener la certeza del año y a veces aproximadamente también del día. "Aproximadamente" en el caso de una fecha "que da el mes y el día" significa que el error posible no es mayor de un día o 2. Pero sin información adicional, como la fecha exacta de un eclipse o una sincronización mediante 2 fechas (una de un calendario lunar y otra de un calendario solar), no podemos mediante cálculos actuales identificar el día exacto del comienzo de ningún mes* lunar antiguo específico, ya sea hebreo o babilónico, porque subsisten factores desconocidos como la visibilidad de la Luna, etc. Algunas veces puede haber una diferencia de un mes entre los calendarios judío y babilónico, si la inserción de un mes adicional en el año lunar caía en años diferentes. Cuando se debe tener en cuenta todas estas variables, no es sorprendente que a veces haya incertidumbre y diferencias de opinión en la interpretación de la cronología bíblica, aun con la cantidad de material original relativamente abundante de que disponemos por causa de las investigaciones arqueológicas. Sin embargo, la diferencia de un día o 2, de un mes o aun de un año, en fechas de hace miles de años es un asunto de menor cuantía.


Las cronologías publicadas desde hace mucho tiempo hasta hoy están hechas sobre información incompleta, errónea u obsoleta y no son confiables. El bosquejo de fechas que ofrece Ussher en muchas Biblias inglesas y ciertas españolas, alguna vez fue el mejor de que se disponía, pero ya tiene 300 años y está superada por la cantidad de informaciones que tenemos a nuestra disposición; es decir, los hallazgos arqueológicos nos permiten tener una cronología mucho más exacta para los eventos bíblicos que la que era posible en los días de Ussher.



II. Desde la creación hasta el éxodo.


La porción más temprana de la Biblia, que abarca grandes períodos de la historia con mucho menos detalles que algunas porciones posteriores, ofrece menos elementos para una cronología exacta y presenta las mayores variaciones numéricas entre el texto hebreo, el Pentateuco Samaritano y la LXX.


A. Desde Adán hasta Abrahán.


Para los primeros períodos la Biblia no proporciona fechas 267 de ningún acontecimiento. Sólo ofrece la genealogía de los patriarcas y la duración de sus vidas. Si seguimos el texto hebreo, calculando la duración de la vida de los patriarcas, podemos poner el diluvio 1.656 años después de la creación (1656 A.M. (anno mundi, "en el año del mundo"; o sea, a partir de la creación del mundo)), y el éxodo en el 2513 A.M. Sin embargo, se debe recordar que este cálculo representa una posibilidad mínima, no máxima. El período será más largo si: 1. Usamos interpretaciones diferentes para los números dados (tal como ocurre en The Westminster Dictionary of the Bible (El diccionario bíblico Westminster; ed. de 1944, p 103), y en The International Standard Bible Encyclopaedia (La internacional enciclopedia bíblica estándar; ed. de 1960, t I, p 643)), de acuerdo con los cuales cada uno de los 20 patriarcas desde Adán hasta Abrahán representa al fundador de una dinastía, familia o tribu destacada, y las cifras dadas no representan años de personas, sino más bien la duración de la importancia de esa dinastía, familia o tribu. 2. Consideramos la posibilidad de que existan algunas generaciones no mencionadas en el registro. 3. Seguimos la lXX, en la que la suma de la vida de los patriarcas es 1.000 años mayor que en el texto hebreo. Es posible que la LXX represente un original hebreo más antiguo que el que tenemos, pero, por otra parte, pudo haber sido una modificación intencional del texto (véase la tabla 1 en la sección IX).


Examinemos las alternativas. Si ponemos a un lado la posibilidad 1 como conjetural o inaceptable, encontramos que, según las posibilidades 2 y 3, en la genealogía que Lucas da de Jesús se menciona un nombre que no está en la hebrea del AT (Lc. 3:36; cf Gn. 11:12) pero sí en la lista de la lXX; y que otras genealogías bíblicas a veces omiten nombres, tal vez los menos importantes: por ejemplo, la de Esdras (Esd. 7:1-5; cf 1 Cr. 6:3-15) y la de Mateo, quien omite 4 generaciones (Ocozías, Joás, Amasías y Joaquín; Mt. 1:8, 11; cf 1 Cr. 3:11, 12, 15). Así, existe la posibilidad de que hubo otros hombres en la línea patriarcal cuyos nombres no fueron preservados por la Inspiración. Por tanto, se debe considerar que la cronología bíblica de los primeros tiempos, por lo menos antes de Abrahán, no necesariamente se conoce en su totalidad. Para que el registro bíblico sea verdadero, incluyendo sus datos cronológicos, no es necesario que las Escrituras contengan un registro completo de todo lo que ocurrió en el pasado: en ninguna parte se registra el número total de años desde la creación hasta el diluvio, ni del diluvio hasta el éxodo, o para la serie de todos los reyes; los totales se deben obtener por la interpretación de las cifras que da el texto. Por eso este Diccionario, aunque adhiere a la exactitud del informe de la creación como lo da el Génesis y a la exactitud básica de todos los datos cronológicos que suministra, no pretende establecer dogmáticamente la fecha exacta de la creación de la tierra. Véase Hijo.


B. Desde Abrahán hasta el éxodo.


Se afirma definidamente que el tiempo desde el llamamiento de Abrahán hasta el éxodo fue de 430 años (Gá. 3:17; cf Ex. 12:40, LXX); y el relato de cada generación aparece con suficientes detalles como para asegurar que Jacob y su familia entraron en Egipto 215 años después del llamamiento de Abrahán; o sea, que los israelitas estuvieron en Egipto 215 años. La fecha a.C. de Abrahán depende de la del éxodo, que ha sido ubicado diversamente -por diferencias en la interpretación de los registros-, entre la última parte del s XVII y la última del , XIII a.C. La evidencia es insuficiente para demostrar acabadamente cualquier fecha para el éxodo. Sin embargo, como están fijadas las del fin de los reinos de Judá e Israel, las fechas tardías sugeridas para el éxodo permiten sólo un muy breve período para los jueces aun con una "cronología corta" de los reyes, mientras que las fechas más tempranas para el éxodo requieren un período muy largo para los jueces y una "cronología larga" para los reyes. Una teoría supone un éxodo en 2 partes, según la cual Josué entró en Canaán en el s XV a.C. y Moisés a fines del s XIII a.C.


De todas las teorías para datar el éxodo, la que ofrece menos dificultades con respecto a los registros bíblicos e históricos es la que lo fija a mediados del s XV a.C., que se basa en: 1. La aceptación del año 480º (1 R. 6:1) como una afirmación literal del intervalo entre el éxodo y el 4º año de Salomón. 2. la interpretación de que varios períodos mencionados en el libro de Jueces (que suman un total mucho mayor que 480 años) representan, en algunos casos, judicaturas simultáneas en diferentes regiones de Palestina. 3. Una cronología del reino dividido que pondría el 4º año de Salomón c 965 a.C., como se acepta ahora en forma general (véase en la p 427 un cuadro de los 400 ó 430 años de estadía en Egipto).


Este Diccionario adopta el sistema de cronología tentativa que fija el 4º año de Salomón en el 967/66 a.C.; es decir, el año civil que va de otoño a otoño y que comienza con 268 Tishri, el 7º mes, en el 967 a.C. En consecuencia, la fundación del templo en el mes 2º, Zif de ese año, estaría fijado en la primavera (del hemisferio norte) del 966 a.C. (1 R. 6:1). Luego, si Zif en el año 480º del éxodo cae en el 966, Zif en el 1er año del éxodo caería 479 años antes, en la primavera del 1445 a.C.; y el 1er mes, en el cual los israelitas abandonaron Egipto, sería el mes anterior, Abib (Nisán), de ese año. Entonces, con el éxodo en el 1445 a.C., el llamamiento de Abrahán exactamente 430 años antes sería en el 1875 a.C, (Gá. 3:17; Ex. 12:40, 41), y la entrada de Jacob en Egipto sería en el 1660 a.C.



III. Desde el éxodo hasta el reino.


Hay un problema en acomodar los diversos períodos de los libros de Jos. y Jue. dentro de los 480 años (1 R. 6:1) que comienzan en el éxodo y terminan con el 4º año de Salomón (c 967/66 a.C.). Si los israelitas salieron de Egipto en el 1445 a.C., y su peregrinación* por el desierto duró 40 años, entonces entraron en Canaán en la primavera del 1405, y completaron la conquista inicial de Canaán y la división de la tierra alrededor del 1400 a.C. La serie de jueces* comenzó largo tiempo después del 1400, por que el pueblo "había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué" (Jue. 2:7), antes de apostatar y provocar la opresión extranjera de la que fueron salvados por los jueces. Si asignamos x años para el intervalo entre la conquista inicial y el comienzo de la opresión bajo Cusan-risataim (Jue. 3:8) y 83 años para la suma de los reinados de Saúl (Hch. 13:21), de David (2 S. 5:4, 5) y 3 años hasta el 4º año de Salomón, tenemos 83 + x años; entonces, si restamos esta suma del total de años entre aproximadamente 1400 a.C. y 967 a.C. llegamos a aproximadamente 350 - x años para el tiempo de los jueces. Sin embargo, los diversos períodos durante los cuales gobernaron los jueces y los de opresión mencionados en Jue., más el desconocido entre la conquista y el comienzo de la 1ª opresión, no da un total de 350 - x sino de 410 + x años. Por tanto, resulta evidente que estos períodos no pueden ser todos sucesivos; debe haber superposiciones. El registro no afirma que cada juez gobernó sobre las 12 tribus; más bien pinta un cuadro de falta de unidad y confusión que se adecua perfectamente a la situación en que los jueces podían actuar en una pequeña región en diferentes partes de Palestina al mismo tiempo. En algunos casos hay una indicación textual de que eso sucedió realmente; también puede ser el caso de otros. No tenemos suficiente información acerca de este período para construir una cronología detallada, pero es perfectamente posible armar un panorama provisorio y aproximado de fechas de modo que la duración total de los jueces se pueda armonizar con la declaración de que el templo se inicio en el año 480º a partir del éxodo (véase la tabla 2 en la sección IX).



IV. Reino unido de Israel.


El AT no afirma claramente cuanto tiempo reino Saúl, el primer rey hebreo, pero Lucas, al informar de un sermón de Pablo, indica que la duración fue de "cuarenta años" (Hch. 13:21). Como ni Pablo ni Lucas tenían la intención de hacer una cronología exacta es enteramente posible que estos "cuarenta años", como los 450 años del versiculo anterior, sean números redondos. Se han sugerido razones por las que Saúl habría reinado menos de 40 años. Sin embargo los 40 años asignados a los reinados de David, no son, obviamente, un número redondo ya que se le da como la suma se 7 + 33 años (1 Cr. 29:27). Además, un acontecimiento que ocurrió poco antes de la muerte de David se dice que ocurrió en el 40º año del rey (23:1; 26:31). Salomón también reinó 40 años (1 R. 11:42), y entonces se dividió el reino. De la cronología del reino dividido (que se explica en la próxima sección) llegamos a las siguientes fechas provisorias para el reino unido: Saúl, c 1050-1011 a.C.; David, c 1011-971 a.C.; Salomón, c 971-931 a.C.



V. División del reino: Israel y Judá.


La base para la cronología para la base de Judá en Israel es una serie de declaraciones relacionadas con el tiempo que dan los datos de ascensión al trono y duración de los reinados. La siguiente tabla incluye los reyes en el orden en que son presentados en los libros de reyes. Para las fechas provisorias a. C. de estos reinados, véase en la tabla 3 en la sección IX.


A. Problema de los sincronismos entre Judá e Israel.


Declaraciones acerca de los reinados como: "Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel en el año treinta y ocho de Asa rey de Judá. Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años" (1 R. 16:29,30), aparecen para varios reyes de Israel y de Judá. Proveen 2 elementos de información: 1. la duración del reinado. 2. Un sincronismo entre el ascenso de un rey determinado y un año específico en el reinado de su contemporáneo del otro reino. Sin embargo, cuando se totaliza las cifras de los reinados de los reyes del reino del norte, Israel, y también se totalizan los de los reyes del sur, Judá, para el mismo periodo, el último total es mayor que el primero en unos 20 años. Por causa de esta 269


DATOS BÍBLICOS PARA LOS REINADOS DE ISRAEL Y JUDÁ


270 aparente discrepancia, algunos abandonaron las declaraciones cronológicas de la Biblia como no confiables, y corrigieron las cifras para adecuarse a sus diferentes teorías. Pero otros han demostrado que ambas secuencias se pueden reconciliar suponiendo reinados superpuestos (corregencias) en la secuencia más larga, o brechas entre reinados (interregnos) en la secuencia más breve. El método de armonización que usó Ussher y otros fue alargar la secuencia más corta suponiendo interregnos (el sistema, por lo tanto, se llama: "cronología larga" de los reyes); método que ya no se acepta porque no se adecua a la cronología de los asirios como se la obtiene de las listas de los limmu. Más recientemente, sin embargo, se ha favorecido el otro método, el de acortar la línea más larga de reyes suponiendo que hubo corregencias.


B. Las corregencias permiten armonizar los sincronismos entre los reinos.


En algunos casos, el registro especifica directamente la corregencia de un rey con su predecesor por cierto número de años. Por ejemplo, cuando Uzías (Azarías) enfermó de lepra, su hijo Jotam gobernó por varios años antes de la muerte de Uzías (2 R. 15:5); por ello el reinado de Jotam con su padre -su corregencia- comenzó algún tiempo antes de suceder a su padre como único gobernante. En otros casos, el registro no nos dice qué ocurrió, pero los datos cronológicos con respecto a la duración de los reinados o los sincronismos entre los reinos de Judá e Israel muestran claramente que debió haber habido una corregencia. Por ejemplo, se nos dice que Joram de Judá comenzó a reinar en el 5º año de Joram de Israel (2 R. 8:16). Esto parecería implicar que subió al trono unos 5 años más tarde que Joram de Israel. Sin embargo, también se nos dice que Joram de Israel comenzó a reinar en el 18º año de Josafat (2 R. 3:1) o el 2º año de Joram de Judá (1:17). Esto parecería implicar que Joram de Judá subió al trono un año antes que Joram de Israel. Parecería, además, que fue el comienzo de una corregencia con su padre, puesto que Josafat reinó más de 18 años. Por tanto, la supuesta contradicción entre el comienzo del reinado de Joram un año antes y 5 años después de Joram de Israel queda resuelta. Obviamente, Joram de Judá comenzó a reinar con su padre el año antes que Joram de Israel ascendiera al trono, y entonces, en el 5º año de éste murió Josafat y su hijo Joram de Judá comenzó a reinar como único rey. Estos textos muestran una cosa más: si Josafat murió en el 5º año de Joram de Israel, su último año no fue su 25º sino su 22º. Por lo tanto, para contar 25 años de su reinado (1 R. 22:42), tenemos que suponer que gobernó 22 años después de su padre Asa, pero 25 años contando una corregencia de 3 años con su padre. De este modo podemos decir que los sincronismos y la longitud del reinado de Josafat exigen que lleguemos a la conclusión de que tuvo una corregencia al comienzo, con su padre Asa, y una al terminar, con su hijo Joram.


Hay otros ejemplos más, De este modo, las aparentes inconsistencias de los registros de los reyes se pueden explicar razonablemente bien, mientras que muchas discrepancias aparentes de un año se pueden resolver por medio de la diferencia entre los 2 reinos de Israel y de Judá en 2 sentidos: 1. Los 2 métodos de numerar los años de los reinados (véase la sección I C, más arriba). 2. Los 2 comienzos del año hebreo. Se preparó un esquema cronológico casi completo para estas 2 líneas de reyes en armonía con los datos cronológicos de la Biblia y los de Asiria y Babilonia. En consecuencia, los que antes fueron escépticos ahora aceptan cada vez más como historia confiable las declaraciones acerca del tiempo en los libros de Reyes y de Crónicas.


C. Cómo se llega a las fechas a.C.


Una vez obtenido un sistema para los reinados en Israel y en Judá, todavía tenemos el problema de determinar la fecha exacta de todo el sistema con la Escala a.C.-d.C., escala que se comenzó a usar muchos siglos más tarde. Afortunadamente, el año de la muerte de Acab se puede datar con razonable certeza en el 853/52 a.C. por la cronología asiria mediante el registro de su participación en la batalla de Qarqar (en el 6º año de Salmanasar III) y otro registro en que Jehú paga tributos en el año 18º del mismo rey. Además, el fin del reino de Judá está ligado por varios sincronismos con el reinado de Nabucodonosor, cuyos años de reinado están fijos más allá de toda duda, porque su año 37º ha sido identificado por métodos astronómicos modernos con el año del calendario lunar de Babilonia que comienza el 1º de Nisán (23 de abril) del 568 a.C., y termina el 30 de Adar (12 de abril) del 567 a.C. (Todas las fechas de los meses -como el 23 de abril, etc.-, por costumbre, se dan en fechas del calendario juliano a.C. hasta el 1582 d.C., cuando se aceptó la reforma gregoriana.)


Con el fin del reino de Judá ya fijado (véase la sección VI, A1), las fechas a.C. de acontecimientos anteriores -incluyendo el comienzo de la construcción del templo en el 4º año de Salomón, y el éxodo 480 años antes- dependen 271 del método que se use para la cronología de los reinados de los reyes hebreos, acerca de la cual todavía hay margen para pequeñas diferencias de opinión. Pero cualquier disposición de los reinados, que parezca correcto porque "funciona" en el papel, tiene la posibilidad de que más tarde sufra una pequeña modificación que "funciona" un poco mejor. Por tanto, debemos adoptar el esquema que parezca cumplir mejor con las exigencias de los datos, y usarlo provisoriamente. Las fechas que se usan en esta obra no se basan totalmente en ningún sistema de cronología publicado hasta ahora (véase la bibliografía citada al final de la sección VIII).


Difícilmente futuras revisiones harán una diferencia mayor que la de unos pocos años en este período de los reyes hebreos. La posibilidad de variación está, aparte del problema de las corregencias, en la diferencia del comienzo del año en primavera o en otoño y en el problema de si el "primer año" de un rey es el año que comienza el 1er día de año nuevo de su reinado o el que termina ese 1er día de año nuevo; en cualquiera de los casos, la diferencia es de sólo un año. Y, ¿qué diferencia haría, desde la distancia a la que estamos, una variación de un año en el reinado de Uzías, o aun una variación de 10 años en una época tan temprana como el reinado de Salomón? Los hechos son los importantes; a los propósitos prácticos la cronología de los reyes hebreos es conocida, y la Biblia nos da una cronología confiable para este período.



VI. Cautividad y restauración.


Como el reinado de Nabucodonosor ha sido fijado por la astronomía, como nuestros datos cronológicos más exactos están en los períodos babilónico y persa, y como los registros bíblicos del tiempo de la cautividad y la restauración contienen numerosas declaraciones fechadas, la cronología de este período está mejor establecida que la de cualquier otra parte de la biblia.


A. Los 70 años de cautividad.


La cautividad babilónica fue el resultado de una triple deportación de la población del reino de Judá:


1. La 1ª etapa ocurrió en el 3º año de Joacim, cuando entre los cautivos de nabucodonosor se incluye a Daniel (Dn. 1:1-3, 6). Este fue el año anterior al 4º de Joacim, que fue el 1er año de Nabucodonosor, en el que Jeremías predijo por 1a vez que la cautividad duraría 70 años (Jer. 25:1-11). Tenemos una crónica babilónica que abarca el verano anterior al 1er año del reinado de Nabucodonosor. Describe su campaña a Palestina, durante la que fue llamado para hacerse cargo del trono por la muerte de su padre. Josefo, citando al historiador babilonio Beroso, menciona esta campaña y dice que en esa ocasión fueron llevados judíos cautivos a Babilonia. La fecha de esta cautividad se conoce con toda precisión. Como el año 37º de nabucodonosor fue el 568/67 a.C. (de Nisán a Nisán), entonces su 1º año fue el 604/03 a.C.; y el verano anterior, 605 a.C., fue la fecha de su ascenso al trono. Esto concuerda perfectamente con las referencias bíblicas al 3er y 4º años de Joacim. Sin embargo, como cada nación tenía su propio calendario local, se esperaría que los escritores judíos contaran los años por su propio calendario civil que comenzaba en Tishri, en el otoño; y así, el 1º año de Nabucodonosor, el 4º de Joacim, comenzó en el otoño del 605 a.C., en su propio día de año nuevo; o sea, 6 meses antes del siguiente año nuevo babilónico. Como la cautividad comenzó en el año judío que terminaba en el 605, esperaríamos que el período de 70 años terminara en el año 70º según el cómputo judío, que termina en el 536, como se verá en la sección B.


Bib.: FJ-AA i.19.


2. La 2ª etapa de la cautividad llevó a Joaquín y a muchos otros, incluyendo a Ezequiel, hasta Babilonia (Ez. 1:1-3; 33:21; 40:1); era el 8º año de nabucodonosor (2 R. 24:8-16). El registro babilónico armoniza con esto pues informa que Nabucodonosor tomó Jerusalén y capturó a su rey el 2 de Adar, aproximadamente el 16 de marzo del 597 a.C.. en su 7º año. (Nótese que esta fecha sería el 8º año del reinado si se cuenta según el calendario civil judío. La razón que el año civil judío, que comienza en el otoño, y el año babilónico, que comienza en la primavera, se superponen durante 6 meses; por tanto, por 1/2 año los números de los años coinciden en ambos calendario, y en la otra mitad hay una diferencia de 1 en las cifras.)


3. La 3ª etapa fue la caída final de la ciudad y la destrucción del templo, que se fecha 2 veces en el año 19º de Nabucodonosor (2 R. 25:8-12; Jer. 52:12-15). Esto ocurrió en el 586 a.C., aproximadamente el 15 ó 18 de agosto.


(La diferencia entre el 7 y el 10 del 5º mes en estos 2 textos puede ser el intervalo entre la entrada de Nabuzardán hasta el incendio de la ciudad, o desde el comienzo hasta el fin de su destrucción.)


Algunos eruditos ubican la caída de Judá en el 587 a.C., pero deben suponer que los hebreos contaban los años de reinado de Nabucodonosor un año antes, o suponer (según Jer. 52:29) que Judá cayó en el año 18º en vez del 272 19º. Sin embargo, como el mismo capítulo menciona el año 19º (v 12), no hay necesidad de suponer un error; los vs 12 y 29 no necesitan referirse al mismo acontecimiento. De este modo, tenemos fechas bien establecidas para el fin del reino de Judá y el comienzo de la cautividad babilónica, fechas que conocemos casi hasta con su día.


B. Retorno de la cautividad.


Los registros contemporáneos nos dicen que Ciro conquistó Babilonia en el 7º mes del año 17º de Nabonido (el rey que en su ausencia "confió el reino" a su hijo mayor, Belsasar). La ciudad de Babilonia cayó el día 16 del mes 7º, y el triunfante Ciro* entró por sus puertas el 3 del mes 8º. Estas fechas son aproximadamente el 12 y el 29 de octubre del 539 a.C. Los registros habilónicos no mencionan un reinado aparte de Belsasar, pero confirman que gobernó Babilonia como representante de su padre durante el reinado de Nabonido. Parece evidente que debemos considerar el "primer año de Ciro" bíblico como el 1º, año de reinado que siguió a su conquista de Babilonia, computado según el calendario judío. No hay razón para suponer que los escritores judíos usaran un cómputo 2 años posterior que la numeración oficial de los años de reinado de Ciro, como suponían algunos comentadores antiguos.


Se señala el 1º año de Ciro por su decreto de autorización a los judíos para que retornaran a Palestina (Esd. 1:1-4). Ese año en el calendario babilónico-persa fue el 538/37 a.C., que comienza el 1º de Nisán, en la primavera que siguió a la captura de Babilonia. Sin embargo, en el calendario civil judío el año de ascenso no se habría extendido hasta la primavera del 538, sino hasta Tishri en el otoño de 538, y el año 1º se habría extendido desde el otoño del 538 hasta el otoño del 537 a.C.


De este modo, el decreto de Ciro en su "primer año" pudo haber sido emitido hasta en la primavera del 537 a.C. de acuerdo con el calendario babilónico-persa, y hasta el verano o el otoño del 537 por el calendario civil judío. Si el decreto se publicó en la última parte del 1er, año, los miles de judíos que retornaron no habrían tenido tiempo para prepararse y salir con todos sus bienes antes de la primavera siguiente, en el 536, porque la primavera era la única estación que les permitiría tener tiempo suficiente para un viaje de 4 meses (Esd. 7:8, 9), y tiempo para que los colonos tuvieran viviendas con qué protegerse y estar listos para plantar sus sembrados cuando comenzaran las lluvias de otoño. No sabemos exactamente cuándo se publicó el decreto de Ciro o cuándo regresaron los exiliados; pero es suficiente saber que hay una posibilidad razonable, más aún, una probabilidad grande, de que fuera en una fecha alrededor del 536 a.C.; es decir, 70 años, inclusive, desde el comienzo del cautiverio en el 605 a.C. y en armonía con la profecía de Jeremías (29:10).


Después del regreso autorizado por Ciro, la obra de restauración se demoró por las dificultades y la oposición, pero en el 2º año de Darío I (no darío el Medo) la construcción del templo se reanudó, dirigida por Hageo y Zacarías (Esd. 5:1, 2). Esto sucedió en el 520/19 a.C. (de primavera a primavera según el cómputo persa; pero 520/19 de otoño a otoño según el calendario civil judío). La obra fue autorizada por un decreto de Darío (si en su 2º año o después de él no se indica), y el edificio de completó el 3 de Adar en el 6º año de su reinado (6:1-15), que sería aproximadamente el 12 de marzo del 515 a.C. (según ambos calendarios, el persa y el judío). Véase Darío 1, 2.


C. Organización bajo Esdras y Nehemías.


El siguiente hito importante fue el reinado de Artajerjes I, cuyos años de reinado están establecidos por una serie de papiros con doble fecha procedentes de Elefantina, Egipto, en los que se dan las fechas tanto en el calendario lunar semítico como en el calendario solar egipcio, fijando así los años a.C. sin dejar lugar a dudas. El 1º año de Artajerjes fue el 464/63 a. C.; su 7º año, en el que Esdras fue enviado a Jerusalén, fue el 458/57; y su 20º año, en el que Nehemías fue enviado como gobernador, fue el 445/44. En el año civil judío que comienza en el mes 7º, el 1er, mes inicia la 2ª mitad del año, en la primavera; en esa época salió Esdras (Esd. 7:9). También Nehemías, en el 20º año, evidentemente salió en ese mismo mes (Neh. 2:1). En el año judío 458/57, el 1º mes caía en el 457, y en el 445/44, en la misma época del 444. El uso del año de otoño a otoño se hace evidente en el relato de Nehemías de que recibió malas noticias de Jerusalén en Kisleu (9º mes) del año 20º, en consecuencia de lo cual pidió permiso al rey para ir allá en Nisán (1º, mes) del mismo año (Neh. 1:1; 2:1). Evidentemente, el año 20º en el cómputo de Nehemías no era el año religioso que comienza el 1º mes, sino el civil que comienza el mes 7º; año en que el mes 9º precedería al mes 1º.


Después del período en que Nehemías fue gobernador no hay más datos cronológicos en el AT. La mención, sin fecha, del "reinado de Darío el persa" (Neh. 12:22) se puede referir 273 a Darío II (424/23-405/04 a.C.) o (poco probablemente) a Darío III (336/35-331 a.C.), quien perdió su imperio ante Alejandro Magno.



VII. Período intertestamentario.


El período entre el AT y el NT abarca: 1. La conquista del Imperio Persa por Alejandro Magno (las campañas duraron desde el 334 hasta el 323 a.C.; la campaña decisiva en Mesopotamia ocurrió en el 331 a.C.). 2. La división del imperio de Alejandro, unos 20 años después de su muerte, en 4 partes principales (301 a.C.), más tarde reducido a 3 partes (c 280), que finalmente fueron absorbidas en forma gradual por el Imperio Romano (c 168-30 a.C.). 3. El breve período de independencia judía (c 143-63 a.C.) surgido por la rebelión de los Macabeos (c 168) contra el Imperio Seléucida (las fechas pueden variar en un año, de acuerdo con 2 interpretaciones de la Era Seléucida, que fue muy usada en el Cercano Oriente en ese período), y que terminó con el sometimiento de Palestina a los romanos en el 63. 4. El gobierno de los Herodes, reyes vasallos judío-edomitas bajo Roma, desde el 40 a.C. hasta el período neotestamentario. Véanse sección I, A; Grecia II, C.



VIII. Cronología del Nuevo Testamento.


Los datos cronológicos del período romano de Palestina son numerosos; es decir, para la historia romana desde la conquista de Siria por Pompeyo, en el 63 a.C., hasta los primeros emperadores romanos, cuyos reinados se pueden fechar casi hasta el día. Sin embargo, por extraño que parezca, los datos para una cronología del NT son muy escasos, y los hechos no se pueden datar con seguridad como en el período final del AT. La razón principal para ello es que los escritores del NT, aparentemente con poco interés por la cronología como tal, casi no mencionan fechas. Se ocuparon en proclamar las buenas nuevas de la salvación. Para ellos era más importante lo que Jesús dijo e hizo que precisar el momento o lugar donde se produjeron los hechos. Además, esperaban el regreso de Jesús muy pronto; acontecimiento que, según enseñaban, acabaría con la historia del mundo. Puede parecer extraño que haya diferencias de opinión acerca de las fechas de los sucesos en la vida de quien marcó la división del tiempo en 2 eras, pero no tenemos respuestas concluyentes a ciertos problemas de tiempo relacionados con su nacimiento, su bautismo, su muerte y su resurrección.


A. Nacimiento de Cristo.


El año del nacimiento de Cristo no fue el año I d.C., no unos 4 ó 5 años antes. Dionisio el Exiguo, un abad romano del s VI d.C., enumeró equivocadamente los años de su Era Cristiana al fijar el nacimiento de cristo por lo menos 4 ó 5 años más tarde; por eso, la fecha sería el 4 ó 5 a.C. Algunos pondrían la muerte de Herodes en el otoño del 4 a.C. o más tarde, pero se acepta generalmente que el eclipse mencionado por Josefo, en relación con ese evento, debió ser el que ocurrió en la primavera del 4 a.C., y por ese tiempo Cristo debió tener varias semanas o meses de edad (Mt. 2:1; Herodes vivió por lo menos un corto tiempo después (v 15) y murió el 4/3 a.C.). En consecuencia, su nacimiento sin duda habría ocurrido entre el otoño del 5 a.C. y el invierno del 4 a.C. (Lc. 2:8; "dormían al raso", BJ; "pasaban la noche al aire libre", NBE; lo que revelaría que Jesús no pudo haber nacido en invierno, pero, con los datos que poseemos, no podemos saber la fecha exacta; de paso, todas las indicaciones a estaciones del año se refieren al hemisferio norte.)


Tampoco podemos datar con precisión el censo de Cirenio, porque no tenemos otro registro al respecto y los datos que se podrían referir a él pueden ser interpretados de varias maneras. La estrella de Belén (Mt. 2:2) no puede ser identificada con algún acontecimiento astronómico, como algunos intentaron hacerlo, por cuanto no fue un cuerpo celeste, como es evidente por la descripción de su movimiento (v 9).


Bib.: FJ-AJ xvii.6.4, 5


B. Bautismo de Cristo.


Juan el Bautista comenzó a predicar en "el año decimoquinto del imperio de Tiberio César" (Lc. 3:1-3, 21), poco tiempo -quizá unos 6 meses (cf 1:24, 26-31)- antes del bautismo de Jesús, evento desde el cual se cuenta el ministerio público de Jesús. El comienzo de dicho ministerio está fechado por Lucas durante la administración de diferentes gobernantes cuyos períodos de servicio se deben ubicar entre el 26 y el 34 d.C., pero el único año específico que menciona Lucas es el 15º año del imperio de Tiberio. Para los lectores originales de Lucas esta fecha debió haber sido clara, pero para nosotros no lo es, por las diferentes maneras de interpretar la fórmula para años de reinado que usa Lucas. Si bien conocemos el método romano oficial de poner fechas por los consulados, datarlos por años de gobierno no era una costumbre romana sino de las provincias orientales, y dependía de los diversos métodos locales de computar el año. No sabemos exactamente qué clase de cálculos empleó Lucas, ya que no existen fuentes para mostrar cómo usaban 274 los judíos los años de reinado de un emperador romano. Por tanto, hay diferencias de opinión en cuanto al año preciso señalado como el 15º de Tiberio. Sin embargo, si Lucas empleó el sistema acostumbrado en Oriente, contó como año 1 el año calendario en que el gobernante comenzó su reinado. Luego, el año en que Tiberio sucedió a Augusto (que murió en agosto del 14 d.C.) debió haber sido, de acuerdo con el calendario civil judío, el 13/14 d.C. (de otoño a otoño), por lo que el 15º, de Tiberio habría sido el 27/28 d.C., comenzando en otoño. La fecha para el bautismo que mejor se ajusta a la narración bíblica de la vida de Cristo, especialmente en lo que se refiere a la extensión del ministerio de Cristo hasta la crucifixión, es el otoño del 27 d.C. (véanse las secciones C y D, más abajo), Cristo tenía entonces aproximadamente "como... treinta años" (3:23), y poco después se dice que el templo había sido edificado "en cuarenta y seis años" (Jn. 2:20).


C. Crucifixión de Cristo.


Hay interpretaciones alternativas para esta fecha. Ubicar el año exacto tratando de descubrir en cuál -durante la época general en que Jesús fue crucificado- pudo caer la Pascua en viernes, no es un problema sencillo como muchos suponen. Los astrónomos son enfáticos en declarar que las fechas de las lunas nuevas y de las lunas llenas que ellos dan para los años posibles de la crucifixión no son una prueba de la fecha correspondiente en el calendario Judío antiguo. Esto se debe a que el 1º del mes judío no era el día astronómico de la luna nueva ("conjunción"), sino que dependía de la aparición del pequeño borde iluminado de la luna, lo que podía ocurrir de 1 a 3 días más tarde. No se pueden determinar todas las variables astronómicas ni las condiciones atmosféricas para un mes específico dado. Por ello, la reconstrucción moderna de una antigua fecha judía, sin más información detallada que el día del mes lunar, no puede llevarnos al día exacto. Es cierto que hay 2 años posibles, por diferentes métodos de interpretación, para una crucifixión en viernes (años 30 y 31 d.C.), pero ninguno de ellos se puede demostrar astronómicamente; es decir, otra vez tenemos que elegir la alternativa que se adecua mejor a las especificaciones históricas o bíblicas.


Al considerar todas las informaciones bíblicas -las históricas y las del calendario: el nacimiento de Jesús antes de la muerte de Herodes el Grande, su bautismo unos 30 años más tarde, los 46 años de la construcción del templo, el año 15º de Tiberio, la crucifixión después de un ministerio de 3 1/2 años, la relación de la crucifixión con la Pascua y la fecha del mes, que no se pueden analizar aquí-, este Diccionario adopta para las 3 fechas clave de la vida de Cristo los años: 5/4 a.C. para su nacimiento, 27 d.C. para su bautismo, y 31 d.C. para su muerte y resurrección (CBA 5:225-259; véase la sección D).


D. Acontecimientos del ministerio de Cristo.


Como los evangelios no se escribieron básicamente para registrar las fechas de los acontecimientos de sus relatos, no siempre siguen un orden cronológico. Por esto, y porque algunos eventos están registrados por un solo evangelista, y relativamente pocos por los 4, no es posible ser dogmático acerca de la secuencia exacta. La extensión del ministerio de cristo ha sido tema de diferencias de opinión; muchos escritores modernos sostienen una duración de más o menos 1 año, otros, de 2 o más, y unos pocos hasta de 7 años; pero la cronología adoptada por este Diccionario acepta un período de 3 1/2 años, según las menciones de 3 fiestas de Pascua en el Evangelio de Juan (Jn. 2:13: 6:4; 12:1) y otra no designada por nombre (5:1) que razonablemente parece haber sido una pascua. Véase Jesucristo III.


E. Cronología de Hechos y las epístolas.


Como no hay declaraciones específicas de fechas en Hechos o las epístolas, cualquier cronología de esta porción bíblica se debe considerar sólo aproximada. La que adopta este Diccionario puede ser tomada como una escala útil para la secuencias y fechas aproximadas de los acontecimientos, en armonía con la narración bíblica y el trasfondo histórico. Los sucesos clave, que pueden ser fechados con una exactitud de un año en más o en menos, son: 1. Gobierno de Aretas IV de Damasco (probablemente 37-40 d.C.), en ocasión de la huida de Pablo. 2. Muerte de Herodes Agripa I, poco después de haber puesto a Pedro en la cárcel (44 d.C.). 3. Expulsión de los judíos de Roma decretada por Claudio, la que obligó a Aquila y a Priscila a huir a Corinto (c 49 d.C.). 4. Proconsulado de Galión en Grecia (51/52 o 52/53 d.C.), sincronizado con el 2º viaje misionero de Pablo. 5. Ascenso de Festo (c 60 d.C.).


Bib.: Artículos introductorios acerca de la cronología y los calendarios en el cBA y la bibliografía anotada de ellos: véase 1:183-207; 2:103-168; 3:87-114; 4:19-26; 5:225-259; 6:100-111. Acerca de los principios generales y métodos: Cambridge Ancient History (Historia antigua de cambridge), 3ª ed., t 275 1, parte 1, cp 6; Siegfried H. Horn y Lynn H. Wood, The Chronology of Ezra 7 (La cronología de Esdras 7), 2ª ed. (Washington, review and Herald, 1970), cps 1-4. Acerca del período de los reinos hebreos: Siegfried H. Horn, "The Chronology of Hezekiah's Reign" (La cronología del reinado de Ezequías), AUSS 2 (1964): 40-52; E. A. Parker, "A Note on the Chronology of 2 Kings 17:1" (Una nota sobre la cronología de 2 R. 17:1), AUSS 6 (1968):129-133; Siegfried H. Horn, "The Babylonian Chronicle and the Ancient Calendar of the Kingdom of Judah" (La crónica babilónica y el antiguo calendario del reino de Judá), AUSS 5 (1967):12-27. Edwin R. Thiele, The Mysterious Numbers of the Hebrew Kings (Los misteriosos números de los reyes hebreos) (ed. rev., Grand Rapids, Wm. B. Eerdmans, 1965); Edwin R. Thiele, The Chronology of the Hebrew Kings (La cronología de los reyes hebreos) (Grand Rapids, Zondervan, 1977). Para el exilio y la restauración:Horn y Wood, ibíd., cps 4 y 5. Para la cronología y el calendario babilónico-persa: Richard A. Parker y Waldo H. Dubberstein, Babylonian Chronology, 626 B.C.-A.D. 45 (Cronología babilónica: 626 a.C.-45 d.C) (Chicago, University of Chicago Press, 1946); la misma obra, publicada de nuevo, abarca hasta el 75 d.C. (Providence, RI, Brown University Press, 1956).


El Muro de los Lamentos (o Muro Occidental) en Jerusalén.



IX. Tablas cronológicas.


En las siguientes tablas aparecen las fechas relativas de diversos personajes o acontecimientos bíblicos y los de la historia contemporánea:


1. Genealogías de los patriarcas


2. Cronología sugerente desde Abrahán hasta Samuel


3. Cronología aproximada de los reinos hebreos* y del exilio


4. Cronología del período postexílico


Intento de armonización de las distintas fechas y naciones entre el 586 y 400 a.C.


6. Cronología de los Evangelios


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  5. 3. Handel: Brockes Passion, HWV 48 / Marcus Creed (OedipusColoneus) (3243)SK http://www.youtube.com/watch?v=QkBV6tEmYx8 4. Handel: Brockes Passion, HWV 48 / Marcus Creed (OedipusColoneus) (3243)SK http://www.youtube.com/watch?v=xM3Y5CxvKcg
  6. Category:Popes (3221)SK
  7. Listado de Papas desde Pedro hasta el presente (738)EA2
  8. Catholics

jueves 11 de marzo de 2010

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